Português | English

En Español

“UBI TU CAIUS, IBI EGO CAIA”

“UBI TU CAIUS, IBI EGO CAIA”

Donde tú (serás llamado) Caius allí yo (seré llamada) Caia’.

Esta mañana Adriana, mi mujer, leía una revista y encontró el siguiente texto: “UBI TU CAIUS, IBI EGO CAIA”. Inspirado en él, decidi escribir mi Cantar de los Cantares, con libertades amazonicas, y con la ternura de los igarapés!
__________________________________________________

Para Adriana,

Ah, si me besaras con los besos de tu boca porque mayor en verdad es tu amor, más que el vino!

Tus unguentos tienen olor agradable, tu nombre es como fragante perfume;
¡Llévame a nuestra habitación. ¡Date prisa!

Mira, mi marido. Yo soy morena pero soy hermosa.

No te fijés en mi tez morena, ni en que el sol me bronceó la piel. Mis hermanos se enfadaron contra mí por causa de tu amor y me pusieron a guardar las viñas, y mi propia viña descuidé!

Cuéntame, amor de mi vida,

¿Donde apacientas tu rebaño?

¿Dónde lo haces descansar al mediodía?

¿Por qué he de andar vagando entre los rebaños de tus amigos?

Si tú no lo sabes, ¡oh la más hermosa de las mujeres!, sal tras las huellas del rebaño, y apacienta tus cabritas junto a las cabañas de los pastores. Allí me encontrarás.

Eres más hermosa en tu porte de mujer vigoza que las yeguas libres en las colinas.

Hermosas son tus mejillas entre los adornos, tu cuello, con los collares son pura seducción. Adornos de oro haré para ti, con cuentas de plata. En ellos grabaré con fuego: “Ubi tu Caius, ibi ego Caia”.

Mi marido, Mientras el rey estaba a la mesa,mi perfume esparció su fragancia. Por eso me deseas.

Bolsita de mirra es mi amado para mí,que reposa entre mis pechos. Yo te siento por doquier, y me embriago con tus olores! Percibo el aire como yegua en selo!

Mi marido, tú eres para mi como un campo que y sus buenos perfumes de seducción!

Cuán hermosa eres?, amada mía, cuán hermosa eres?

Tus ojos son como palomas imaculadas.

Cuán hermoso eres, amado mío, y tan placentero.

Ciertamente nuestro lecho es de exuberante verdor.

Las vigas de nuestras casas son cedros, nuestros artesonados, cipreses.

Yo soy una rosa de Sarón, una azucena de los valles.

Como azucena entre las espinas es mi querida entre las mujeres. Quien las puede comparar?

Como el manzano entre los árboles del bosque, así es mi amado entre los jóvenes. A su sombra placentera me he sentado, y su fruto es dulce a mi paladar.

Llevame a la sala de bailes, y pone sobre mi tu amor como un estandarte para que todos lo vean.

Sustentadme con tortas de pasas, reanimadme con manzanas, porque estoy enferma de amor por ti.

Esté su mano izquierda bajo mi cabeza y su derecha me abraze.

Yo os conjuro, oh hijas de Jerusalén, por las gacelas o por las ciervas del campo, que no levantéis ni despertéis a mi amor, hasta que quiera. Porque fuerte es su poder y grande su fuerza. Quien lo soportará?

¡La voz de mi amado! ¡Mírenlo, aquí viene!, saltando por las colinas, brincando por las montañas en mi dirección. Yo anseo su abrazo!

Mi amado se detiene detrás de nuestro muro, mirando por las ventanas, atisbando por las celosías, aun que no esté presente... y yo estoy excitada!

Mi amado habló, y me dijo: "Levántate, amada mía, hermosa mía, y ven conmigo.

Pues mira, ha pasado el invierno, ha cesado la lluvia y se ha ido.

Han aparecido las flores en la tierra; ha llegado el tiempo de la poda, y se oye la voz de la tórtola en nuestra tierra.

La higuera ha madurado sus higos, y las vides en flor han esparcido su fragancia. Levántate amada mía, hermosa mía, y ven conmigo."

Paloma mía, en las grietas de la peña, en lo secreto de la senda escarpada, déjame ver tu semblante, déjame oír tu voz; porque tu voz es dulce, y precioso tu semblante.

Cazadnos las zorras, las zorras pequeñas que arruinan las viñas, pues nuestras viñas están en flor y nadie las tocará.

Mi amado es mío, y yo soy suya; él apacienta su rebaño entre azucenas.

Hasta que sople la brisa del día y huyan las sombras, vuelve, amado mío, vuelve para mi como un animal en el selo, pues mi deseo es todo para ti.

Por las noches, sobre mi lecho, busco al amor de mi vida; lo busqué, y no lo hallé.

Me levanto, y voy por la ciudad, por sus calles y plazas, buscando al amor de mi vida. ¡Lo busqué y no lo hallé!

Me encuentran los centinelas mientras rondan la ciudad. Les pregunto:
«¿Han visto ustedes al amor de mi vida?»

No bien los he dejado, cuando encuentro al amor de mi vida. Lo abrazo y, sin soltarlo, lo llevo a la casa de mi madre, a la alcoba donde ella me concibió y alli le doy mi amor!

Yo les ruego, mujeres de Jerusalén, por las gacelas y cervatillas del bosque, que no despertéis ni hagáis velar al amor, hasta que quiera. Pues fuerte es su poder y grande su fuerza, quien lo soportará?

Eres Hermosa, querida mia, cúan bella eres! Tus ojos son como los ojos de las palomas que brillan em noche oscura. Tus pelos son perfumados como la primavera encantada. Tus dientes son perfectos y limpios. El perfume de tu boca es dulce, como una mezcla de todos los mejores perfumes.

Tus labios son cual dibujo; tu semblante como la ofrenda de las mejores frutas, por eso me gusta morder y probar con mi lengua.

Tu cuello es perfecto para las joyas. Tus pechos parecen dos cervatillos, dos crías mellizas de gacela que pastan entre azucenas.

Eso te digo, yo tu marido: Antes de que el día despunte y se desvanezcan las sombras, subiré a la montaña de la mirra, a la colina del incienso y desfrutaré.

Toda tú eres bella, amada mía; no hay en ti defecto alguno.

Ven conmigo mujer mía, ven conmigo; mira los rios de mi tierra, oye los cantos nocturnos de las guaribas, quiero despertarte con el canto del Uirapuru.

Cautivaste mi corazón, hermana y novia mía, con una mirada de tus ojos; con una perla de tu collar de amor compraste mi corazón para siempre.

Cuán delicioso es tu amor, mi mujer, mujer mia!

Más agradable que el vino es tu amor. Tu perfume es mejor que cualquier fragancia en el mercado de perfumes.

Tus labios, mujer mia, destilan miel. Miel y leche escondes bajo la lengua y el olor de tus vestidos es como del Opium.

Jardín cerrado eres tú, hermana y mujer mía; sellado manantial!... eres mia.

De ti vienen los perfumes que encantam mi alma.Tus pechos son un huerto de granadas con frutos exquisitos, con flores de nardo y azahar; con toda clase de árbol resinoso, con nardo y azafrán, con cálamo y canela, con mirra y áloe, y con las más finas especias.

Eres fuente de los jardines, manantial de aguas vivas, ¡arroyo más fuerte que él Amazonas!

Viento del norte, despierta! ¡Viento del sur, ven acá! Soplen en mi jardín; dispersen su fragancia. He entrado ya en mi jardín, hermana y novia mía, y en él recojo mirra y bálsamo; allí me sacio de los mejores frutos. Si, he entrado en mi jardín y allí me embriago de vino y leche; estoy saciado y feliz!

Yo dormía, pero mi *corazón velaba. ¡Y oí una voz! ¡Mi amado estaba a la puerta! «Mujer mia, amada mía; preciosa paloma mía, ¡déjame entrar!

Mi cabeza está empapada de rocío; la humedad de la noche corre por mi cabello.» Dejame entrar en mi jardin! Ya me he quitado la ropa; ¡cómo volver a vestirme! Ya me he lavado los pies; ¡cómo ensuciarlos de nuevo!

Mi amado pasó la mano por la abertura del cerrojo; ¡se estremecieron mis entrañas al sentirlo! Me levanté y le abrí a mi amado; ¡gotas de mirra corrían por mis manos! ¡Se deslizaban entre mis dedos y caían sobre la aldaba!

Le abrí a mi amado, pero ya no estaba allí. Se había marchado, y tras su voz se fue mi alma.

Lo busqué, y no lo hallé. Lo llamé, y no me respondió.

Yo les ruego, mujeres de Jerusalén, que si encuentran a mi amado, ¡le digan que estoy enferma de amor!

Dinos, bella entre las bellas, ¿en qué aventaja tu amado a otros hombres? que nos haces tales ruegos?

Mi amado es apuesto y trigueño, y entre diez mil hombres se le distingue.
Su cabeza es oro puro; su cabellera es ondulada Como una palmera, son castaños como los igarapés de su tierra. Sus ojos parecen aguas transparentes donde yo puede ver mi belleza. Sus mejillas son como lechos de bálsamo, como cultivos de aromáticas hierbas. Su porte es como del Pan de Azúcar, y esbelto como las maderas de la selva del norte. Su hablar es muy dulce. Si, él es totalmente deseable. Así es mi amado, tal es mi esposo, o todas las mujeres!

Su paladar es la dulzura misma; él es todo un encanto!

A dónde se ha ido tu amado, tú, bella entre las bellas? ¿Hacia dónde se ha encaminado? ¡Iremos contigo a buscarlo.

Mi amado buscame a mí, intenta encontrarme en su jardín, a los lechos de bálsamo, y recoger azucenas.

Yo soy de mi amado, y mi amado es mío; él apacienta su rebaño entre azucenas.

Tú, amada mía, mujer mía, eres bella. Aparta de mí tu mirada, pues tus ojos me pretuban. Tus cabellos bajan por las curvas de tu espalda. Yo estoy hechizado de tu amor! Por eso huyi de ti, pues tuve miedo de perder el control sobre mi propia vida!

Pueden ser sesenta las reinas, ochenta las concubinas e innumerables las vírgenes, pero una sola es mi palomita preciosa, mi inmaculada... Las mujeres la ven y la bendicen; las reinas y las concubinas la alaban pues mi amor es tuyo.

Quién es ésta, admirable como la aurora? ¡Es bella como la luna, radiante como el sol, majestuosa como las estrellas del cielo!

Ella es única, mi amada, mi jardin sellado!

Cúan hermoso es tu caminar en sandalias, oh hija de príncipes! Los movimientos de tu quadril son como la seducción de las olas de un lago de deseo. Tu genitalia es la copa donce no falta bebida; tu vientre es como una porción de dulces deseables, cercado de todos los vinos. Tus pechos… ah son dos almohadas de placer….con perfume de saputi y de miel. Tú cuello es como una invitación al deslize… tus ojos son como piletas que invitan a que uno se desnude y se ahogue en ti. Tú nariz anuncia tu nobleza y tu inteligencia, y tambien habla de la elegancia de tus deseos. Tú cabeza es altiva; tu cabello como un sueño de verano, un rey esta atrapado en tus trenzas… para siempre!

Cuán bella eres, amor mío, ¡cuán encantadora en tus delicias!

Tu talla se asemeja al talle de la palmera, y tus pechos a sus racimos. Me dije: «Me treparé a la palmera; de sus racimos me adueñaré.» ¡Sean tus pechos como racimos de uvas, tu aliento cual fragancia de manzanas, y como el buen vino tu boca!

Corra el vino hacia mi amado, y le resbale por labios y dientes!

Yo soy de mi amado, y él me busca con pasión.

Ven, amado mío; vayamos a los campos, pasemos la noche entre los azahares.

Vayamos temprano a los viñedos, para ver si han retoñado las vides, si sus pimpollos se han abierto, y si ya florecen los granados. ¡Allí te brindaré mis caricias!

Las mandrágoras esparcen su fragancia, y hay a nuestras puertas toda clase de exquisitos frutos, lo mismo nuevos que añejos, que he guardado para ti, amor mío.

Yo les ruego, mujeres, que no desvelen ni molesten el amor, hasta que él quiera despertar.

Ponme como sello sobre tu corazón, como sello sobre tu brazo, porque fuerte como la muerte es el amor, inexorables como el Seol, los celos; sus destellos, destellos de fuego.

Las muchas aguas no pueden extinguir el amor, ni los ríos lo anegarán; si el hombre diera todos los bienes de su casa por amor, de cierto lo menospreciarian.

Una muralla soy yo, y mis pechos, sus dos torres. Por eso soy digna de la confianza de mi amado.


Caius et Caia





WM